Viaje en el tiempo
La dama me miró por un momento antes de darme la bienvenida con un sonreír tan amigable como caluroso, que solo una abuela lanza a su nieto. Abordó la palabra con un léxico anticuado de la misma era que su ropa. A pesar de no estar acostumbrado a escuchar un vernáculo de unos cientos de años, era capaz de descifrar una parte de lo que me estaba contando. La mujer se llamaba Aura. Estaba esperando a cualquier persona que estuviera interesada en probar su máquina dentro de la carpa: un dispositivo antiguo que según lo que me estaba relatando con total convicción, permitiría el viaje en el tiempo.